Este artículo forma parte de la revista del año 2013 que editó, como cada año, la Asociación PRISIÓN Y SOCIEDAD “RAMÓN DE LA SAGRA”, que tiene en su haber, como podemos observar, muchos años de presencia ininterrumpida en la cárcel (Módulo de Mujeres) y de atención personal en algunos casos de mujeres e hijos después de salir en libertad. A través de esta asociación yo mismo he impartido clases de informática (rudimentaria) en Villabona durante dos años, cursos 1992-3 y 93-94.

José María Álvarez.

 

EDITORIAL

 

30 AÑOS EN PRISIÓN

 

Fue en aquel lejano 1983... Se cumplen precisamente en este año 2013 los treinta de nuestra presencia en la prisión. Inicialmente en Oviedo y luego, desde su traslado, en la de Villabona. Recordamos con precisión aquella primera entrada, donde previamente se habían solicitado los necesarios permisos, por medio de la asociación “PRISION Y SOCIEDAD RAMON DE LA SAGRA” de la que éramos socias.

 

      El Módulo de MUJERES al que nos dirigimos, contaba entonces con nueve internas, una de ellas italiana y las demás de nuestra Comunidad Autónoma. Los cerrojos y pesadas puertas se cerraron fuerte y secamente mientras la funcionaria de turno acompañaba en aquel momento a la primera voluntaria, que se sintió sobrecogida y perpleja. Muy pronto se incorporaron otras compañeras de la misma Asociación. Así comenzó una historia donde con precisión y puntualidad, semanalmente se impartían las "clases" a las "presas", era el lenguaje que entonces se usaba, ya que ahora hablamos de talleres y de internas. Ya desde aquel momento se forjaron conocimientos, historias, situaciones, no solo con las internas sino con sus familias, compañeros, hijos..., algunos de ellos recluidos en internados, y donde a través de servicios sociales y sanitarios, se entretejieron redes de apoyo y colaboraciones externas a la prisión. Un elemento y apoyo interesante en aquellos momentos, fue la posibilidad de colaboración entre Prisión y Sociedad y Radio Cucaracha, programa La Bola, donde los internos tenían posibilidad de comunicarse por cartas con el exterior, y así conectar también con sus familiares y su entorno a través del programa de radio.

 

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      El módulo de mujeres fue aumentando hasta llegar a treinta personas. También crecieron los niños, pues en aquellos momentos, cuando una madre daba a luz, regresaba a los pocos días con su recién nacido a la prisión. Así hicimos de acompañantes, madrinas y apoyo a los menores. A estos pudimos sacarlos a la guardería durante el día, ya que los niños permanecían al lado de sus madres en las mismas condiciones de éstas, es decir "presos"... Algunos domingos también podían salir con nosotras y nuestras familias.

 

     La labor de Prisión y Sociedad, no se limitaba a la sola atención de las internas, sino que realizó distintas actividades dentro y fuera de prisión, puesto que la Asociación tenía como uno de los principales objetivos la sensibilización de los ciudadanos, y la exigencia de rehabilitación e inserción una vez cumplida la pena. Ardua labor en aquellos momentos en los que era fuerte y duradera la estigmatización de los que pasaban por presidio. Asimismo, dentro de los muros de la cárcel, y además de las clases y diferentes cursos, se realizaban complementariamente actividades lúdicas y entrenamiento de otras habilidades orientadas hacia la siempre difícil reinserción. Todas estas acciones eran seguidas con gran interés por parte de las internas.

 

Imposible detallar ahora cuántas personas conocimos, cuántas historias de vida, de sufrimiento y de tragedias compartimos; cuántas gestiones realizadas, cuántas angustias una vez fuera de la prisión para conseguir la ansiada "normalización" dentro de una sociedad que juzga con dureza y rechaza.... Pero también cuánta alegría por las amistades entrelazadas, familias recompuestas, niños que encontraron una nueva forma de vida… Y, por si aún pareciera poco, la amistad sincera entre voluntarias y presas… Y la ineludible pregunta sobre qué habríamos hecho nosotras si nos hubiéramos encontrado en las mismas circunstancias de estas mujeres. Intentábamos ayudar sin juzgar y aprendimos a comprender.

 

   Han pasado 30 años... ¡Ya, tantos y a la vez tan pocos para tanta tarea aún pendiente! Para algunas de nosotras llegó el momento del "recambio" por cuestiones de edad, familiares, .etc. Afortunadamente otras personas de la Asociación han agarrado el testigo y nos han sustituido. En el módulo de Mujeres continúan fielmente cuatro voluntarias de "primera hora" y tres más que nos remplazan actualmente. Las "salientes" seguiremos colaborando de forma distinta, ya que la experiencia nos ha ·"marcado" profundamente y, además, existen varias formas de colaboración. Asimismo en el módulo de la UTE continúa la colaboración perseverante y asidua de una voluntaria de la primera hora...

 

Parece que fue ayer cuando traspasamos por primera vez el portón de la vieja cárcel de Oviedo... Han transcurrido treinta años y apuntamos hacia una sociedad sin rejas ni fronteras, pero la realidad es bien distinta. Constatamos algunos cambios positivos conseguidos en el régimen penitenciario, aunque sigue habiendo movimientos pendulares de avance y retroceso por la "maldita droga", No obstante, seguimos esperanzadas, ya que como dice el canto..."habrá un día en que todos al levantar la vista, veremos una tierra que ponga LIBERTAD... Pero habrá que EMPUJARLA para que así sea y vaya adelante...EMPUJÉMOSLA ENTRE TODOS.

 

Matilde