ABC. Sociedad

INMA ZAMORA @inmazamora / MADRID

Día 27/02/2013 - 13.51h

La Unidad Terapéutica y Educativa de la cárcel de Villabona, en Asturias, no pasa por buenos momentos. Analizamos esta «cárcel alternativa» y el modo en que ha demostrado que la reinserción de presos es posible

La Unidad Terapéutica y Educativa de la cárcel de Villabona (UTE), en Asturias, se convirtió hace ya tiempo en un modelo a seguir por el sistema penitenciario español. Dieciséis cárceles en nuestro país aplican en mayor o menor medida su metodología de trabajo, que tiene como objetivo la reinserción de presos mediante un cambio radical del modelo convencional de prisiones. Lejos de quedarse en España, el sistema ha sido ya visto con buenos ojos por países como Irlanda y Colombia pero, aunque su éxito está más que comprobado (las cifras avalan su trayectoria), lo cierto es que la UTE no pasa por sus mejores momentos. Desencuentros entre el responsable de esta Unidad Terapéutica y el director de la prisión, Esteban Suárez, así como el reciente cese de tres de los coordinadores de la UTE han provocado que este modelo de reinserción ideado por Faustino García Zapico y Begoña Longoria viva hoy sus horas más bajas.

La UTE dio sus primeros pasos en 1992 cuando, junto a varios internos, Faustino y Begoña comenzaron a cambiar la realidad carcelaria. Como cuenta Faustino a ABC, tanto él como su compañera tuvieron «carta blanca» para llevar a cabo el proyecto, pues la administración les permitió idear su particular sistema de prisiones «en versión reducida» dentro de la asturiana cárcel de Villabona.

El panorama es hoy, sin embargo, bien distinto. Este diario ha tratado de contactar con Esteban Suárez, actual director de la prisión asturiana, que no ha querido hacer declaraciones sobre la situación que varios miembros de la UTE describen. Pero ¿cómo funciona exactamente el sistema que Faustino lleva defendiendo tantos años?

Dejar de vigilar al preso

La Unidad Terapéutica y Educativa de Villabona persigue, entre sus muchos fines, acabar con la subcultura carcelaria que impera en la prisión tal y como la conocemos y en la que domina la «ley del silencio». Además, se pretende modificar por completo el papel del funcionario tradicional para que deje de ser un mero vigilante y se convierta en parte activa de cara a la reinserción del preso. «Cuando Begoña y yo comenzamos con la UTE y exploramos el mundo penitenciario nos encontramos con una realidad del todo dantesca. El ambiente era absolutamente hostil y no se podía hacer nada con los presos, por lo que nos propusimos intentar transformar la realidad de la prisión y acabar con aquella ley del silencio. Así es como decidimos convertir la cárcel tradicional en un sistema educativo mediante un proyecto que se basara en el encuentro, el compromiso y la confianza».

Es por ello por lo que el modelo UTE no solo está dirigido al preso, sino también al funcionario de prisiones. «Un 80% de los funcionarios de vigilancia siempre han sido excluidos de la actividad departamental en la prisión. Esto es algo erróneo, nosotros los integramos en nuestra estructura educativa para hacer desaparecer así el concepto de "vigilancia" y sustituirlo por el de "resolución de conflictos", algo totalmente distinto a lo que ocurre en la prisión tradicional, donde en lugar de resolver los conflictos simplemente se contienen y vigilan».

Los presos «más duros»

Según narra Faustino desde su propia experiencia, no hay un perfil específico de los presos que pasan a la Unidad Terapéutica de Villabona porque «cualquiera puede reinsertarse». «No se puede dividir a los presos en perfiles cuando estás planteando una alternativa al sistema. Aquí partimos de la gente más dura, presos que han protagonizado motines o han traficado con drogas y conseguimos hacer con ellos un reciclaje total».

Es, precisamente, lo que ocurrió con Fernando (nombre ficticio, pues prefiere mantener su anonimato), uno de los «tipos duros» de esta cárcel asturiana. Para él, como para el resto de los que veían pasar los días en lo que él llama la «cárcel normal», los de la UTE no eran más que «los chivatos de Villabona».

«Decidí pasar un mes en la UTE para ver cómo era y cuando tuve que regresar a la cárcel normal eché mucho en falta el cariño que allí me habían dado, por lo que decidí regresar y quedarme». Fue entonces cuando comenzó a darse cuenta de que había pasado toda su vida inmerso en una soledad tan extrema que le había llevado a caer en las drogas. «En la cárcel convencional estás acostumbrado a las peleas, a la dureza... de repente vas allí y la gente te abraza y te trata como a una persona, te hablan como nadie nunca te ha hablado y te hacen entender por qué has delinquido». Fernando narra su estancia en la UTE con una serenidad extrema, como de aquel que ha pasado de largo por la tempestad más absoluta. Al «tipo duro» de la cárcel le hicieron incluso pasar por los talleres de punto de cruz y de corte y confección. «Les salió mal la jugada, me gustó aquello y empecé a hacer cada cosa con los hilos... ahora soy un pequeño modistillo».

Fernando sentencia que ser un «tipo duro» es crucial para sobrevivir a la dureza de la cárcel. «Si no eres duro allí te hundes, no sobrevives». Sin embargo, reconoce que aunque «cuando llegas a la UTE tras haber sido el "más chungo" de prisión cuesta mucho quitarse esa armadura, una vez lo consigues comienzas a ver tus fallos, qué hiciste mal en tu "vida pasada", por qué empezaste a drogarte... En mi caso todo ocurrió por un sentimiento de soledad tan grande que me hizo caer en las drogas y en las falsas amistades».

«Pillar la calle»

También J.J. abandonó «el otro lado» para «emigrar» a la UTE. Tras diez años deambulando por varias prisiones y protagonizar una fuga del penal de Nanclares de Oca terminó en la cárcel de Villabona y le contaron lo que se hacía en el módulo creado por Faustino. «En esos momentos estaba cansado y sin moral. El efecto de la cárcel pesaba tanto en mí que no era capaz de definir ningún tipo de futuro más allá de entre aquellos muros. Aun así, seguí empeñado en regresar a mi forma de vida y fui a la UTE porque se comentaba que era la forma más rápida de “pillar la calle”». J.J. pasó en el módulo dos años, tras los cuales, no ha vuelto a delinquir.

«Fui a la UTE porque era la forma más rápida de "pillar la calle"»

Una de las características fundamentales del sistema UTE es, para este expresidiario, el hecho de que «en la prisión tradicional funcionarios y presos son enemigos irreconciliables, mientras que aquí ambos colaboran y elaboran un proyecto común. El preso quiere libertad y el funcionario quiere desarrollarse laboralmente como educador. Cuando estas dos voluntades se miran sinceramente a la cara son capaces de aunar esfuerzos con muchas garantías de éxito».

Son muchas las actividades que se desarrollan dentro del módulo de la Unidad Terapéutica. Como afirma J.J., «cualquier actividad del módulo está diseñada de manera que asegure una intervención terapéutica efectiva sobre cada uno de los internos. El objetivo es la toma de conciencia de la realidad de un problema y la derivación a un recurso externo para continuar el tratamiento». En este sentido, Fernando destaca el seguimiento total de los presos de la cárcel de Villabona. «Muchos llegamos a prisión sin ningún tipo de hábito. En la UTE es obligatorio, por ejemplo, ducharse todos los días, lavarse los dientes tres veces al día, llevar el pelo corto… Hay muchos talleres formativos y ocupacionales para que intentes coger, además, el hábito de trabajo de cara a tu salida fuera».

¿Pero... es posible la reinserción?

Para Fernando, reinsertarse desde «la cárcel normal» es extremadamente difícil, «ya que allí llegas siempre con un nombre, un expediente… y eso hace que el que trafica se junte con el que trafica, el que roba, con el que roba. Yo entré consumiendo y traficando a mediana escala y cuando salí por primera vez de prisión ya tenía contactos para traficar con quien quisiera. Además, sales odiando el sistema, no piensas que la condena que te ha caído sea justa y no admites que has hecho un daño a la sociedad». Fernando se encuentra ahora en tercer grado terapéutico y su vida ha cambiado de manera radical. Intuye un futuro del todo incierto, aunque no debido al hecho de haber sido drogadicto y traficante, sino a la situación económica actual, que le impide rehacer su vida tal y como le gustaría.

«Lo mejor es la grandeza de sentirte acompañado»

En el caso de J.J. también la UTE fue primordial para cimentar su nueva vida. «Se puede decir que el módulo propició el primer envite de una jugada para siempre. Encontré un espacio idóneo dentro de uno de los entornos cerrados más hostiles creados por el hombre. Ordené mis ideas y adquirí hábitos saludables con el objetivo de iniciar un proceso de libertad». «Ya que mi peor enemigo fui yo mismo, lo que más destacaría de todo este proceso es la grandeza de sentirte acompañado. Más allá de los prejuicios, resultó que los funcionarios también eran personas y que estaban dispuestos a acompañarme durante este trayecto. De no haber estado en la UTE, seguiría en prisión o ya estaría muerto».

Fernando dedica unos minutos a valorar la situación actual que se vive en la prisión de Villabona y lo achaca todo a un «ataque de celos» que tiene a Faustino como principal objetivo. «Es cierto que Faustino allí es el dueño de media cárcel, pero es la persona más comprometida y entregada a la causa que conozco, no se pueden cargar un proyecto así».

Faustino tiene claro que, pase lo que pase con las desavenencias entre UTE y dirección, en ningún caso va a tirar la toalla con lo que es el proyecto de su vida. «Soy consciente de que vamos a contracorriente porque el enfoque principal es resolver los problemas mediante la contención y el castigo. Este modelo no se sostiene en el actual entorno, pero seguiré llevando adelante este proyecto incluso después de mi jubilación, los resultados y las personas merecen la pena»