ACTITUD CRÍTICA

 

En un cristiano la actitud crítica social tiene que formar parte ineludiblemente de su personalidad. La razón es bien sencilla, ya que lo fundamental del ser cristiano es ser como ha sido aquel que fue llamado por sus discípulos el Cristo, el Enviado de Dios, Jesús de Nazaret. Por eso, sus seguidores son llamados `cristianos´. Uno no es cristiano por el hecho de bautizarse y pertenecer a una Iglesia cristiana, que es algo externo a su persona. Tampoco lo es por escuchar sus enseñanzas y estar de acuerdo con ellas, aplaudirlas,  divulgarlas… Uno lo es por su vinculación interior con Cristo, por su comunión con él, al ir siendo cada vez más como él ha sido, al irse identificando con su persona, con aquello más íntimo de él, lo que fue conformando su personalidad: sus sentimientos, sus criterios, sus actitudes, sus valores, sus comportamientos…

Es evidente que la actitud crítica social, en consonancia con la tradición profética, formaba parte esencial de la personalidad de Jesús de Nazaret. Cuando toma la decisión de comenzar a anunciar el Reinado de Dios, entra de lleno en la vida de la sociedad en la que vivía, entra con los ojos y el corazón bien abiertos. Y ve la situación de opresión religiosa y política en que vivía el pueblo humilde de Israel. Y reconoce quiénes son los opresores. En aquella sociedad judía que estaba  impregnada de un tradicional nacionalismo religioso, los principales responsables de la situación del pueblo judío eran las autoridades religiosas, en cierta connivencia con las judías. Por eso Jesús concentró en ellas su crítica, denunciando los males que afligían a los pobres de Israel, de los que ellos eran principales responsables.

Acertadamente Jesús centró su atención en los aspectos religiosos. Su compromiso crítico tuvo como objeto principal la religión judía de su tiempo y las autoridades religiosas que le daban una orientación tan formalista basada principalmente en la observancia material de un gran cúmulo de leyes que agobiaban a los fieles, descuidando lo más importante: el amor fraterno, el amor al otro, sobre todo a aquellos que eran los más débiles, los empobrecidos de aquella sociedad. La crítica social de Jesús, sus denuncias, iban siempre en su defensa.

Ante los ataques de Jesús, al ver comprometidos sus intereses, las autoridades judías no se quedaron con los brazos cruzados. Quizás el momento álgido había sido la expulsión de los mercaderes del templo, convertido en cueva de ladrones, en lugar de negocio, posiblemente su principal fuente de ingresos. Era una situación ellos en la que ellos vivían estupendamente a costa de un pueblo sometido, disimulado ello bajo una apariencia legal-religiosa. Cuando se ven al descubierto y lesionados sus intereses, deciden acallar la crítica. Con su actitud crítica Jesús estaba dictando su sentencia de muerte. Lo llevaron a la cruz y le hicieron morir fuera de las murallas de la ciudad.  Quisieron así desprestigiarle al máximo, desautorizarle totalmente. ¿Qué valor podían tener las palabras de un hombre que moría así?

Creo que cualquiera que esté familiarizado con los evangelios y con la persona de Jesús entiende perfectamente estas sencillas ideas que emanan de la lectura de su vida. Como es a estos, a gente iniciada, a quienes me dirijo, no es necesario acompañar esta reflexión con hechos y palabras del evangelio. Simplemente quiero recordar que la actitud crítica social en defensa de los más débiles de la sociedad tiene que formar parte de la condición cristiana. Que uno no puede ser cristiano viviendo con los ojos cerrados al dolor de los pobres, al mal que los hace sufrir, sin hacer nada para que quienes lo causan dejen de hacerlo. Denunciar la injusticia y a quienes la producen puede traernos dificultades, quizás perdamos el favor de los que más pueden, de los que más dan… y con ello también pueden perder otros, pero Jesús de Nazaret, de quien queremos ser discípulos, nos sigue enseñando que antes que cualquier cosa está Dios, no así en general, como mera palabra, sino lo que en concreto representa para él: amor a los más pobres, a los marginados, a los abandonado: los que tienen hambre y sed, los forasteros, los desnudos, los encarcelados, los enfermos. El cristiano no puede renunciar a tener como meta de su vida ser como ha sido Cristo, sentir, pensar, valorar… y comportarse como él.

La actitud de crítica social es imprescindible en quienes inmersos en la sociedad están comprometidos en acciones solidarias, pues sin ella la ayuda a los demás puede quedar reducida a un simple asistencialismo, que aunque en sí mismo sea positivo, no es el ideal de un actuar cristiano, no es lo que corresponde a un amor radical al hermano necesitado, como pide Jesús de Nazaret a sus seguidores. Si el dolor humano que afecta a aquellos que son objeto de nuestra ayuda, sea que vivan en injusta pobreza, en marginación, en maltrato físico o moral…, es producido por alguien, es evidente que hemos de actuar sobre la causa que está produciendo el mal que hace sufrir. No se podría entender que estemos dando de comer a alguien que necesita ayuda y nada le decimos a quien es responsable de que esa persona no tenga los recursos necesarios por estar siendo explotado por él. Por eso, Cáritas no sólo ayuda, sino que analiza la situación social, denuncia las causas de la pobreza y pide se haga lo necesario para que haya cada vez menos pobres. Con la prudencia que requieran las situaciones, habrá que hacerse oír, hacer la necesaria crítica del modo más conveniente para que se corrijan lo que a nuestro entender son defectos estructurales u ocasionales de pobreza o marginación. En algunos casos las leyes mismas, aunque sean legítimas, pueden ser injustas o menos acertadas para regular algunas situaciones o relaciones humanas. La crítica constructiva es imprescindible para que avance la sociedad.

Pipo Álvarez.